martes, agosto 19, 2008

Querido estupido blog





Querido blog,

Muchas veces me cuestiono sobre la necesidad de tener un blog. Sin ponerme a teorizar al respecto, pues ya pasó de moda, supongo que es un acto de comunicación; podría ser un ejercicio de terapia, o de narcisismo puro, en el sentido que le dio Freud. Han pasado varios años y hasta la fecha es el único hábito nuevo que me he formado desde entonces. Aunque no soy muy consciente de eso. Mi estilo no ha mejorado, sino todo lo contrario. Creía que era una forma de disciplinarme a escribir, y durante un tiempo lo actualizaba todos los días y tenía muchas visitas y la gente me decía cosas como leí tu blog. Los amigos de mis padres lo leían para cuando me quejaba de ellos y tener algo de comidilla. Fui blogstar 15 minutos. Mi legión de ex novias lo leía también (les mandé un mail masivo para eso). Mis pocos amigos lo leían. Había cosas interesantes que decir sobre muchas cosas y ya no. Hice amigos también por este medio, a los cuales nunca he visto en persona pero son buenos amigos. Una vez hasta tuve una polémica sobre el aborto, y otra, aún más lejana, sobre la minificción y escritores ficticios que yo inventaba. Nunca fue lo suficientemente sincero; también usaba el blog para autocompadecerme ante el mundo, y otra vez escribí que buscaba novia, y mi ex de entonces usó un nombre falso, y yo no me emocioné demasiado, pero me sentí timado, eso sí. Publicaba fragmentos de cuentos y novelas que nunca terminé. Nunca tuve muchos comments, ni cuando hablé de la belleza de las pequeñas cosas, las pequeñas puñetas. Intente reseñar libros y películas y al final terminaba con la frase de siempre de la vida apesta. Nunca fui lo suficientemente sincero. Nunca me quité la mala costumbre de los adverbios que terminan en mente y los puntos y comas y el dos puntos. Fui feliz. Me volví un vulgar comentarista cultural, publiqué mi lista del mandado y resulta que fue el post más exitoso. A la gente le interesaba sinceramente que yo desayunara yogurt todos los días, un hábito que no me he podido hacer. Incorporé nuevas palabras y conceptos en mi vida de una manera paulatina, como postear, bloguear; di conferencias como bloguer y dije muchos lugares comunes, y me invitaron a encuentros de escritores para que repitiera esas aberraciones. Le robe algunos minutos al tiempo por el cual me pagan en esta editorial, como lo hago en este momento. Borré muchas veces mis post, y fundé nuevos blogs, tuve tres o cuatro, tuve uno, me piratearon otro. Pase muchas horas escogiendo colores (como si fuera mi jetta) y nunca aprendí a diseñar uno de verdad. Anuncié mi retiro de la escena bloguera como dos veces por año, y me recluí en el estudio a leer los clásicos. Me volví un estadista y me compré un albornoz. Hablé sobre las novedades del New Yorker y todas esas mariconadas que a la gente le gustan tanto. Hasta escribí un poema muy malo. Canjeé pilones. Entré al club de los optimistas de Naucalpan. Publiqué algunas recetas de cocina. También postié letras de canciones y subí canciones ridículas que duraban tres minutos y hablaban de amor. Y videos de You Tube. Fui efectista y barato y grosero, como hoy. Y estuve muy solo y muy acompañado, y muy pocas veces lo disfruté. La vida crecía allá afuera como una planta obscena de esas que segregan savia blanca y tienen espinas que sólo te encuentras cuando eres niño y la realidad te importa, pero eres un retrasado mental, en el fondo, con ínfulas de científico, como tus grandes héroes de la ciencia que viste en el canal del gobierno. Me enamoré, me desenamoré y me volví a enamorar de ti, estúpido blog, para quedar tablas y no haber enriquecido mi vida como yo quería. Quedamos tablas, blog


P.D.

Incluso aparecí en los 100 escritores mexicano más pendejos, en el Dia Siete.

sábado, agosto 16, 2008

La eterna crisis de los treinta: sólo se vive una puñetera vez



Piensen en todas esas maravillosas historias que comienzan con un par de jovencitos mirando el aparador de una tienda de música, cada uno con cien dólares en el bolsillo. Historias que comienzan con una decisión absurda y salvaje. Te gastas todos tus ahorros en un paquete barato de guitarra y amplificador. Como Slash que aprendió a tocar la guitarra con Road to Ruin, o The Ramones, cuando sortearon los instrumentos. O eran cuatro muchachos de no sé donde, o dos muchachos que se encuentra en una estación de tren y hablan de Muddy Waters, etcétera. Muchas historias maravillosas. Ninguna de ellas comienza con un treintañero que tuvo un ataque de nervios y pasó toda la noche llorando, caminando en la oscuridad, y entonces va y se duerme y sueña que se compra una guitarra eléctrica (era una Fender Stratocaster) y al día siguiente camina por la calle de Mesones y entra a una tienda y sale con una guitarra Ibanez barata y un pequeño amplificador. Y piensa, si aprendo a tocar esto me compro una Fender STC. Y llega a su casa y comienza a practicar, y bueno, en esta historia no se puede impresionar a nadie con una guitarra, ni practicando Blitzkrieg Bop hasta que te salen ampollas. No hay chicas que se enamoren de ti por eso. Tu novia te dice que lo haces por egoísmo y no porque quieras cantarle I wanna be your boyfriend. Y tal vez tenga razón. Se trata de rasgar algo y gritar y punto. No nace una estrella, ninguna leyenda; sólo un hombre sin talento que ama a The Ramones. El único palurdo que ha leído más de dos libros que se atreve a decir que los Ramones es la mejor banda de todos los tiempos: hey, oh, let`s go.

Es lo mejor que he hecho en toda mi vida y me hace feliz. Maldita sea, tengo el cabello largo, sólo me hace falta una chaqueta de cuero, y esperar que a los 40 tenga la solvencia para comprarme una Harley. Sólo se vive una puñetera vez.

Por lo pronto hoy voy a dormir con ella y le voy a hacer el amor.



México D.F., a 13 de agosto de 2008

MAESTRA MARTHA CANTÚ ALVARADO

DIRECTORA GENERAL DEL FONDO

NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES

P R E S E N T E

Me permito llamar su atención sobre la irregularidad presentada en el resultado del Programa Jóvenes Creadores en la categoría de Teatro, especialidad en Dramaturgia, Emisión 2008.

A partir de la puesta en marcha del código de ética del FONCA en el año 2004, tuvimos la esperanza de que no se volvería a incurrir en faltas como la que evidencian los resultados de esta emisión, al haber sido seleccionados únicamente tres ex alumnos de Ximena Escalante.

Es indispensable señalar que dos de los beneficiados: Luis Eduardo Alcocer Guerrero e Itzel Jatziri Lara González, no cuentan con una trayectoria destacada dentro de la disciplina, en relación a otros aspirantes a este apoyo del FONCA, que han recibido premios y reconocimientos, además de contar con obra publicada y montajes escénicos de sus textos . Entiendo, desde siempre, que las becas de Jóvenes Creadores pretenden estimular a quienes ya se han destacado en alguna disciplina artística.

Como dramaturgo mexicano comprendo que es difícil que todos los que aspiramos a lograr este beneficio, podamos obtenerlo. Sin embargo, como ciudadano, sí espero imparcialidad por parte del jurado, de modo que al menos haya equidad en la decisión.

Me parece realmente increíble que de más de 30 aspirantes, los tres beneficiados provengan de un mismo maestro que paradójicamente es el jurado. Si es requisito haber pertenecido al taller de Ximena Escalante, tal vez deberían ponerlo en las bases de la próxima convocatoria.

Tengo la seguridad de que usted no permitirá que durante su gestión que hasta ahora ha mantenido la credibilidad basada en la transparencia, se cometan este tipo de faltas.

Agradezco su atención a la presente y me despido de usted enviándole un cordial saludo.

Atentamente

Hugo Abraham Wirth

Dramaturgo

Calle 41 # 13 Col. Sta. Cruz Meyehualco Del. Iztapalapa C.P. 09290 México, D.F.

Tels. 56932403

04455 12 96 93 20

c.c.p. Mtro. Sergio Vela, Presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

miércoles, agosto 06, 2008

Contestadora


Lo que no me gusta de este tipo con el que salgo, me dijo por el mesenger Rebeca, una amiga, es que siempre quiere venirse en mi boca. Todavía no entiendo por qué a los hombres les gusta que nos traguemos su semen.

Y por qué lo haces, le pregunté.

Porque lo disfruta, me dijo, es como un niño. Los hombres son como niños.

Eso no es cierto, le dije.

¿Pero qué encuentran de excitante en eso?

Es el porno en internet. Antes del porno todo era el misionero.

Me sentí aludido. Me daba un poco de envidia el tipo ese, viniéndose en la boca de Rebeca, siendo un niño, cumpliendo sus sueños en la boca de mi amiga.

Y pensé que tampoco me hubiera gustado ser él, sabiendo que a Rebeca no le gustaba eso, o sospechándolo, o simplemente pensándolo como una posibilidad; o ignorándolo para portarme como un pendejo cuyo plus es descargar mi semen en una boca, y vivir en paz por eso, como un buen cristiano.

Están las cosas que uno quisiera hacer sin pensar demasiado. Siempre envidié a esos gorilas con los que se acostaba Rebeca y que sabían tan poco de ella, o al menos lo que yo sabía de ella: que no le gustaba que se vinieran en su boca. Pero era una persona generosa, o aquella vez en la que ella me contó que había fingido un orgasmo. Era como Sexo en la ciudad, y yo era su confesor.

Y porque lo hiciste, le pregunté.

Qué.

Como que qué, fingir un orgasmo.

Daniel, soy la vieja más difícil que hay. Venirme me cuesta un huevo. Y este tipo estaba chingue que te chingue.

Con ella cumplía mis sueños culpables y obsesivos y oceánicos, casi sinceros, de ser el amigo gay de todas las mujeres para mitigar la culpa que sentía hacia todas las mujeres, de acostarme con ellas, de no llamarles al día siguiente, de llamarles, de no casarme con ellas o casarme con ellas o divorciarme o no; diez años, tres matrimonios; de no ser más comprensivo, de no preguntarles por sus hijos, de ser un misógino, o no serlo; de que existiera la remota posibilidad de que yo fuera un misógino de cualquier forma y de venirme dentro o fuera de ellas; o de no venirme, o de que ellas no se vinieran, o se vinieran sólo una vez, o muchas veces; de no darles un beso a la mañana siguiente cuando las acompañaba al auto, o de madrugada o tomar un taxi o de que se quedaran en mi casa a pasar la noche y fueran atendidas de una manera correcta, de no tener un departamento bien amueblado, sino trastes sucios en la tarja; ni nada que darles de desayunar al día siguiente, o simplemente de ser un cerdo, porque no podía ser otra cosa al final de cuentas; de no ser un buen amante, el mejor amante; un amante convencional, una persona que no estuviera obsesionada con el culo femenino; de no salvarlas de sus maridos, de ser asesinadas; de no ser Batman, el caballero de la noche. Pero venirme en la boca de alguién, jamás, a menos que me lo pidieran sinceramente.

Y Rebeca estaba ahí remota, y confiaba en mí. Posiblemente el único hombre con el que hablaba de sexo, porque aún con todos mis males yo era una persona sensible al final de cuentas.

Y cuándo vienes a la ciudad, me preguntaba.

No sé, a finales de agosto decía yo. Un viaje que siempre estaba aplazando. Tirarme a Rebeca habría sido echar sal sobre las ruinas de Cártago.

Cuando vengas voy a comprar mucha coca, y nos la vamos a snifiar toda.

Yeah.

Te voy a llevar a buenos antros, me decía. El otro día soñé contigo.

Y bueno, Rebeca creía que yo era además un intelectual y que lo sabía todo y me preguntaba que qué pensaba de Obama, de McCain, de los derechos humanos en el Tibet; qué pasaba en China y en Irak, no podía entenderlo. Le gustaba que yo siempre se lo explicaba todo de una manera sencilla. Había estudiado sociología, pero nunca terminó, trabaja de empleada en una consultoria.

Otras veces cuando estaba borracha me llamaba a mi casa, yo no contestaba, y ella le cantaba una canción a la contestadora. Era una persona sentimental, pero no le gustaban los arrumacos después del coito, me decía. Pero sí, daba la sensación de que necesitaba vínculos más fuertes, pero había crecido en una ciudad del norte, Chihuahua, en una sociedad monetaria en donde eso eran mariconadas. Era una sentimental en potencia, y a los veinte años cuando su novio de toda la vida con el que iba a casarse la dejó, se deprimió varias semanas, estuvo llorando todo ese tiempo y luego intentó suicidarse con pastillas.

Fue a ver a un psiquiatra y le recetaron prozac. Y lo compraba en una farmacia similar.

Simiprozac, me dijo. Deberías de probarlo, leí tu blog, deberías de tomarlo. Tú lo que tienes es una depresión.

Se supone que no debes de tomar prozac y beber alcohol, le dije.

El chiste es tomártelo muy temprano, pongo el despertador a las seis, y luego me duermo una hora mas.

Siempre estaba pensando en hacer dinero sin trabajar, quería comprarse un auto; le gustaba salir cada semana; le gustaba como se veía en traje de baño y su peor pesadilla era tener las nalgas caídas, me dijo, ahora que ya había cumplido treinta años. Llevas a tu novio a los lugares donde tocan regatón, y cuando te descuidas una veinteañera de cuerpo perfecto te lo quiere bajar. Se compró una bicicleta fija, de spinning, pero sólo la usó una semana. Me mandaba fotos en la que ella siempre estaba vestida de traje de baño, en una alberca, con una cerveza en la mano, haciendo la clica, la boca abierta, el seño fruncido, sus bellos y metálicos y mortales dientes, rodeada de sus amigas. Quería hacerse un tatuaje, pero nunca se lo hizo. Su jefe la acosaba sexualmente, y eso le asustaba, pero lo veía como algo normal. Un fin de semana había ido a la playa, otro estaba en real de catorce. Pero quería beber una vez a la semana solamente me dijo, es la única regla que hay que ponerse. En la contestadora sonaba ella otra vez, cantándome una canción, el acto más generoso que nadie jamás hizo por mí

Alexandr Solzhenitsyn







Murió
Alexandr Solzhenitsyn, de niño recuerdo que era una especie de héroe o de villano. Vivíamos en un mundo donde todos podían ser ambas cosas: Gadafi, los sandinistas, etcétera. Uno siempre estaba atrapado entre dos poderosas máquinas de propaganda. En casa de mi abuelo habia una horrenda edición del Archipielago Gulag que todavía veo seguido por ahí. Nunca lo he leído, aunque era uno de mis eternos pendientes.

lunes, agosto 04, 2008

Charla literaria

El jueves tuve una charla literaria en la casa de lectura condesa dentro del ciclo lecturas en donde no tan jóvenes escritores hablan de los libros que más los influyeron o algo así. Y a las cinco con cuatro, mientras me fumaba un cigarrillo afuera de la casa me preguntaba como siempre qué diablos estaba haciendo ahí. Van a pagarte, me dije, necesitas el dinero. Ahí estaba mi amiga Alma, una de las encargadas de la casa y me mostró el lugar en donde no encontré ninguno de los libros que me interesaba salvo Miguel Street de Naipaul. La casa era agradable y había cinco personas en el área dedicada a la charla; lo cual me alivió porque todo podía ser más íntimo. No me sentía con la autoridad de sentarme ahí y ponerme a hablar de libros. Alma me presentó como un joven poeta en busca de un nuevo lenguaje o algo así, y aproveché que salió un rato para desentenderme. No soy poeta, dije. Escribía poesías a los veinte años como todo mundo, dije. Después pensé que podía ser narrador, dije. La charla tardó en comenzar y planteamos la dinámica de las preguntas. Lo mejor era hablar de mi infancia, de haber crecido en un ambiente iletrado, fuera de mi casa. Mi vida había sido más o menos como la del sanador místico, sólo que sin éxito. Gané becas, premios literarios, un libro que nadie leyó y que no fue editado bien. Un libro con faltas de ortografía, dije. Hablé de mis autores favoritos, todos judíos o rusos, en algunos casos ambas cosas. Es interesante que te sientas tan identificado con los autores judíos, me dijo una de las asistentes. Debe ser la culpa que tenemos en común, le respondí. Yo soy judia, me dijo, y nunca he sentido culpa. Recomendé un par de libros de la lista que había hecho: Herzog, Portnoy´s Complaint, Patrimony, Leer y escribir de Naipaul. Una mujer los apuntó todos. ¿Y esos libros están aquí en la casa de lectura?, preguntó alguien. No, respondí, salvo Leer y escribir de Naipaul, y me gusta mucho el Sanador Místico; cuando lo lean se van a dar cuenta de que es México. Y todo salió bien, y pronto recibiré mi paga; y fue una buena experiencia.

jueves, julio 31, 2008

Aura: bloguero y un poco más


Me enteré de la muerte de Alejandro Aura de una manera impersonal, en un elevador. En una de las esquinas hay una pantalla con noticias, planeado de tal manera que en aquellos pocos segundos de paz, del piso 2 a la planta baja, sigamos obteniendo toda esa información que no necesitamos. Cada viaje afuera para fumarte un cigarrillo te enteras del precio del crudo, o de la gira de Obama, o la muerte de un poeta, en un ascensor. Y como el trabajo en una enciclopedia es tan deshumanizante lo primero que pensé fue: chin, ya cerramos el tomo uno. Después me sentí francamente triste, aunque nunca conocí personalmente al occiso, era de alguna manera parte de mi vida. Lo recuerdo en los programas literarios de la televisión pública de los años ochenta que de niño me soplaba porque en Chihuahua sólo había dos canales, y en el otro estaban las telenovelas. Durante muchos años de mi infancia fue para mí el prototipo del intelectual que yo quería ser, y que luego cambié por dos caguamas y un disco de Iggy Pop. Amé su voz en los documentales sobre la revolución mexicana o la historia del cine mexicano: era tan amena la narración, las imágenes, todo eso. De niño era muy receptivo a esa clase de documentales. Además era un poeta que la generación de mis padres había leído y en la biblioteca familiar había un libro de él. Una compilación suya fue de los primeros libros de poesía que leí junto con una antología de León Felipe, Ruben Darío, Amado Nervo, y Poesía rebelde de América, compilado por Ernesto Cardenal, y El circuito interior de Huerta. Todavía me sé uno de sus poemas de memoria. No lo volví a leer desde entonces; tal vez no lo vuelva a hacer. Siempre lo imaginé como un poeta joven, de alguna manera, sus poemas hablaban de cosas cercanas a un adolescente que pronto descubriría la poesía inglesa y se volvería insoportablemente snob. No sé si fue un buen poeta, o un gran ser humano; sólo tengo esta imagen de él. Y ahora ha muerto. Y después me enteré que llevaba varios años padeciendo cáncer pulmonar, que le habían diagnosticado tres meses y vivió varios años; recuerdo que en esos programas literarios fumaban como chacuacos; que encontró el amor en España; que tenía un blog y que en él se despidió desde el hospital; por respeto no lo he buscado en google. Hace poco leí un cuento suyo en la antología de Valadés.

miércoles, julio 30, 2008

La mafia nos robo el PAN



Ayer me pasaron una invitación para la presentación del libro de Manuel Rosas, La mafia nos robó el PAN, que publica la editorial donde trabajo, y como dijeron que iba a haber buen vino y comida gratis, y me quedaba de paso, pues de descolgué un rato. Manuel Rosas fue dirigente de Acción Nacional hasta que el presidente Ollota lo despidió al estilo prísta de antes. Primero fue la sensación de estar en una asamblea del PAN, y hasta la mesa estuvo dirigida con una orden del día. Richie Rich, comentarista político del momento, no se apersonó y en su lugar pusieron a un moderador del PAN que leyó largas curriculas de las asistentes: el señor Bratz y el ex senador Redil. Tan largo resultó este transe que inmediatamente recorde aquella biografía de García Márquez: El olor de la guayaba. El señor Bratz echó una larga perorata de retórica priísta de la cual me perdí una buena parte pensando en otras cosas, como la condición humana y dónde estaban los bocadillos. El lugar estaba a reventar y por el tipo de trajes se podía distinguir desde choferes y guaruras hasta panistas de renombre, de los cuales había muy pocos. El ex senador Redil, que se llama a sí mismo liberal, se echó un discurso en un tono verdaderamente liberal y decimonónico, hasta parecía una arenga de un congreso constituyente genérico. Cada orador se tomó su tiempo, y todavía no hablaba el autor, Manuel Rosas, cuando tuve que irme porque ya era tarde; me fui sediento y hambriento. Así fue como me dejé engatusar por el editor y sus vanas promesas de insumos. Así fue como terminé en una asamblea del PAN; peor aún, de los perdedores del PAN, que ya no están en el poder y se sienten tan afligidos que hasta ahora les da por escribir libros ( pensé que se dedicaban a prohibirlos). Sin embargo, me gustó mucho todo lo que dijos el ex senador Redil. Por cierto que no se cansaron de citar al padre fundador del partido: Manuel Gómez Morín. Gómez Morín aquí, Gómez Morín allá; es lo único que les queda de decente al PAN. Y ahí va un lugar común: don Manuel se revuelca en la tumba al ver las cochinadas de Ollota y su secretario de gobernación, Juan Camilo “Orejas de cerdo” Morrillo.

P.D. Se filtró en la redacción de Hotel Glasnost que proximamente saldrá a la venta el libro de Ugalde, cuyo título será: La mafia nos robo el IFE. Creo que con tanto título tan parecido, nos queda claro quién es la mafia.





lunes, julio 28, 2008

Lecturas



El jueves tengo que dar una especie de charla literaria en un lugar conocido; debo de hablar, según me cuentan, de los libros que han sido más influyentes en mi trabajo. Es como si mi trabajo fuera un bloque de concreto, bien terminado. Por eso decidí hacer una lista. No sé si me influyeron lo suficiente y de manera correcta. Más de la mitad de los libros ni siquiera están en mi librero. A parte de los clásicos, estos libros me han hecho pensar en el rumbo ideal de mi trabajo, aunque esté lejos de encontrarlo. Un lector sensible podría encontrar el nexo en común entre títulos tan desiguales y variados.







  1. Pobre Gente de Dostoyevski.
  2. La vida de Chéjov de Irene Nemirovsky.
  3. Divorcio tardío de Yoshua.
  4. El libro de Beck de John Updike.
  5. Infancia, Adolescencia, Juventud, de Tolstoi.
  6. Mientras escribo de Stephen King.
  7. Portnoy's Complaint de Philip Roth.
  8. Herzog de Saul Bellow.
  9. Patrimony de Philip Roth.
  10. Something to remember me by de Saul Bellow.
  11. ¿Qué es el arte? de Tolstoi.
  12. El desarrollo de las ideas revolucionarias en Rusia de Herzen.
  13. Los cuentos de Chéjov.
  14. This Boy´s Life de Tobias Wolff.
  15. Rock Spring de Richard Ford.
  16. Leer y escribir de Naipaul.
  17. Sir Vidia's Shadow: A Friendship Across Five Continents de Paul Theoroux
  18. Middlesex de Jeffrey Eugenides.
  19. Luzhin's Defense de Nabokov.
  20. Pnim de Nabokov.
  21. El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez.
  22. Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez.
  23. Cuentos de Odessa, de Issac Babel

viernes, julio 25, 2008

Dos discos que no me cansaba de escuchar hasta que se jodió mi ipod


Despierto a las 7.40, demasiado tarde para encender el calentador. Nada nuevo tengo que decir sobre Transformer de Reed, salvo que últimamente lo he revalorado junto con el chocolate Agüelita, y las viejas historietas del Bats. Y pensar que durante mucho tiempo Lou Reed me caía gordo por culpa de mis amigos, entonces cuarentones, y las horrendas y cursis pelis de Auster. Ahora yo soy treintañero y mis amigos van en la recta final a los cincuenta. Es una cuestión generacional. Pero Transformer me parece bastante actual y me funciona bien; y disfruto atravesar el periférico por debajo de las líneas de concreto del segundo piso y escuchar "Vicious" y "I'm so free"; aunque esto último no sea cierto, tal vez por eso. Y una cajetilla de Pall Mall azules, tan clásicos como el chocolate Agüelita.
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Tal vez en un mundo paralelo yo sea gay. Aunque hay quienes opinan que debo salir del closet, tengo varias pruebas de que no soy gay: no tengo estilo, no sé bailar y no tengo un gran torso; si no es así, entonces prefiero ser el palurdo hétero de siempre. Tampoco me gusta que me den por el culo. Recientemente descubrí el punk gay, que también tiene tintes sociales. The Tom Robinson Band. Power in the Darkness es un especie de clásico marginal, y es muy bueno para rockear. "Motorway" sonó bastante en el Reino Unido. "Power in the Darkness" es excelente para patear buzones y "Glad to be gay" para sentirte políticamente correcto, aunque no lo seas.

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